jueves, 29 de marzo de 2012

LA TUMBA DE LIU SHENG

LA TUMBA DE LIU SHENG
 

Al suroeste de la ciudad de Mancheng, capital de la provincia de Jopei, en China oriental, se alza una colina recubierta por una escasa vegetación: se trata de Longshan, "la colina del túmulo funerario". A los pies de la colina de Longshan se encuentran dos aldeas que llevan el nombre de la colina, y a unos 2 km al sureste se extiende el asentamiento de Shoulingcun, que puede traducirse como "pueblo de los guardianes del sepulcro". 

 
Durante siglos, el nombre de la colina y de las dos aldeas ha alimentado la imaginación de la gente, que barajaba la hipótesis de una posible localización de la tumba de un antiguo rey, tan importante como para requerir incluso la institución de todo un pueblo de "guardianes". Se ocuparon de esa cuestión, en particular, los historiadores y los geógrafos del periodo Qing (1644-1911), en el intento de descubrir qué rey o qué emperador podía estar sepultado allí.

Pero el misterio de la colina no se desveló hasta la primavera de 1968, cuando algunos militares descubrieron en la colina, a unos 200 m de altura, una hendidura que conducía a una galería subterránea. La galería demostró inmediatamente que era la cámara lateral de una impresionante cueva esculpida por el hombre en la roca caliza y dividida en numerosos espacios.



Los arqueólogos trabajaron en la cueva durante dos meses. En las distintas "salas" subterráneas encontraron tal abundancia y tal riqueza de objetos (bronces de todo tipo, lámparas, carros, armas de bronce, de hierro y de acero, monedas, tejidos de seda, recipientes de arcilla para vino y para alimentos, así como una gran cantidad de objetos ornamentales de bronce y de jade), que no podía haber ningún tipo de duda: la cueva de Longshan era la tumba de un rey o, en cualquier caso, de un personaje de alto rango.

 
Un sudario totalmente de Jade.

El descubrimiento más extraordinario se produjo cuando los arqueólogos, una vez atravesaron los distintos recintos del monumento subterráneo, llegaron a la sala sepulcral propiamente dicha. En ella, rodeado por los objetos más valiosos del ajuar, se encontraba el sarcófago. Después de mover las grandes losas de jade que formaban el féretro, los arqueólogos descubrieron los restos del vestido de jade del difunto: 2690 piezas de jade y de nefrita, cosidas con hilo de oro, componían este "sudario" de jade que, según las creencias, debía mantener íntegro al cuerpo para toda la integridad. 


Una vez recuperados los millares de piezas, los expertos lograron reconstruir el procedimiento de elaboración: las plaquitas fueron en primer lugar talladas, limadas y perforadas, y luego se cosieron sobra una tela roja en diez partes separadas que, a continuación, fueron aplicadas sobre el cuerpo del difunto. 



Pero, ¿quién era el noble personaje envuelto en el valioso sudario de jade? Este tipo de atuendo funerario, en uso hasta finales de la dinastía de los Han orientales (24-220 d. C.), era privilegio exclusivo del emperador o, como máximo, de un noble particularmente cercano al emperador.

La identificación se produjo gracias a las monedas halladas en el sepulcro (cuya datación no precedía al 118 a. C.) y a las inscripciones grabadas en varios objetos de bronce que referían los nombres de los distintos propietarios, incluido el último: el personaje sepultado en Longshan era Liu Sheng, rey Jing de Zhongshan, hijo de una de las esposas secundarias del emperador Jing (157-141 a. C.) y hermano mayor del emperador contemporáneo, Wu Di, llamado "el hijo del cielo", perteneciente a la gran dinastía Han.

Dado que, hasta mediados de la dinastía de los Han occidentales, era costumbre sepultar a los cónyuges en tumbas separadas pero cercanas, los arqueólogos chinos, después del primer mes de excavaciones en la tumba de Liu Sheng, se pusieron a buscar la tumba de la esposa del rey. Y, efectivamente, ésta fue hallada a unos 120 m al norte. La planta de la tumba era idéntica a la de Liu Sheng, y los objetos del ajuar eran igualmente valiosos, si bien en número ligeramente inferior.

De manera similar a la del rey Liu Sheng, la difunta estaba envuelta en un sudario de jade. Sobre éste se encontraba un sello que confirmaba su identida; se trataba de la princesa Dou Wan, esposa del rey de Zhongshan, fallecida entre el 113 y el 104 a. C. 


El descubrimiento de los dos sepulcros reales, así como la identificación en la misma área de 18 túmulos funerarios pequeños que probablemente contenían los restos de miembros de la familia real, representan una piedra de toque de la arqueología china. 

La impresionante cantidad de objetos del ajuar, pero también la propia estructura de la tumba, han constituido un importantísimo testimonio de las creencias en la ultratumba de la China imperial de los siglos II-I a. C. y de la riquísima simbología imperial, cuya expresión suprema estaba representada por las tumbas. Pero veamos cómo estaba articulada la gran estructura funeraria de Liu Sheng, que en realidad se presenta como un auténtico palacio real excavado en la roca. La longitud global es de 51'7 m, y la anchura máxima, de 37'5 m. En el punto más alto, en la denominada aula central, la estructura mide 6'8 m. 

Cuando los sepulcros se cerraron, entre el 113 y el 104 a. C., para proteger las tumbas contra ladrones y profanadores, los arquitectos sellaron los accesos haciendo erigir dos muros paralelos de arcilla y rellenando el espacio interior entre ellos con hierro fundido. Además, a ambos lados se amontonaron rocas y tierra. A milenios de distancia, los esfuerzos de los antiguos constructores resultaron coronados por el éxito: cuando los arqueólogos descubrieron las tumbas, permanecían intactas. Ninguna mano extraña se había podido apropiar de los maravillosos objetos del ajuar, nadie había podido profanar el sueño último de los difuntos. 


Una vez se franquea el umbral de acceso a la tumba de Liu Sheng, situado al este, se abren, a la izquierda y a la derecha, dos espacios, largos y estrechos. El primero, el meridional (de 16'3 m de longitud y 3'4 m de anchura), estaba ocupado por un largo cobertizo de madera con la cubierta de tejas, del que los arqueólogos sólo han encontrado los restos derrumbados. Servía como "refugio" para los caballos y los carros del rey, del mismo modo que el otro espacio servía como almacén para los víveres. En el espacio de las cuadras se han hallado los restos de seis carros, entre ellos cuádrigas y carros de caza con sus correspondientes ballestas provistas de flechas, junto a los esqueletos de 17 caballos, 11 perros y un ciervo.

 Por lo que se refiere al contenido de los almacenes, tanto los de la tumba de Liu Sheng como los de su esposa, los arqueólogos han contado más de 900 recipientes de arcilla con toda clase de comidas y de bebidas, y 33 recipientes denominados gang, de unos 70 cm. de altura, que contenían más de 5.000 litros de vino.

A causa de las condiciones ambientales desfavorables de las tumbas de mancheng, caracterizadas por una fuerte humedad, se han conservado poco o nada de la comida. Sin embargo, en el momento de la sepultura, los dos difuntos contaban sin duda con enormes cantidades de carne de cerdo, ternera, oveja, perro, ciervo, conejo, pollo, pato, paloma, oca silvestre, faisán y otras aves, así como de numerosos pescados. La elección de verduras, cereales y fruta debía de ser igualmente rica. Por otra parte, en algunos recipientes se indicaba la cantidad y la calidad del producto obtenido. 


Siguiendo más adelante de los dos espacios laterales se llega a la gran aula central (de unos 15 m x 12 m), que corresponde a la zona de las grandes residencias de la dinastía de los Han occidentales, en la que el rey recibía a sus huéspedes y desempeñaba las funciones públicas. En esta zona se han encontrado los objetos más valiosos del ajuar, entre ellos lámparas, clavos, incensarios e instrumentos de cocina, así como algunos instrumentos médicos muy interesantes, como agujas de acupuntura de oro y plata, y una palangana de bronce.

Pasando a través de una pesada puerta de mármol blanco de dos batientes, se llega a la cámara sepulcral propiamente dicha. Está dividida en dos partes: junto al espacio principal, de unos 20 metros cuadrados, que albergaba el doble sarcófago, hay un cuarto de baño anexo, a fin de recrear los espacios privados del palacio en el que había vivido el rey. 


Los objetos hallados en esta parte del monumento funerario son los personales del rey. En primer lugar las armas: un puñal de hierro decorado en oro y una espada con la hoja de hierro y el mango de jade decorado. Los dos objetos estaban situados respectivamente a la derecha y a la izquierda del cuerpo del difunto. 

Cuatro valiosos recipientes, denominados hu, decorados en oro y plata, acaso le fueron regalados al rey por el propio emperador. Por otra parte, en la sala funeraria se encontraba un objeto para quemar esencias, que representa una montaña poblada por campesinos, animales y cazadores situada en medio del mar. El objeto, con la escena de un lugar paradisiaco, se ha interpretado como una representación simbólica de la búsqueda de la inmortalidad.